El Arte de Cagar

Cagar si se tienen ganas da un placer equivalente al placer que da al gay cuando es horadado por el ano por un machote.

Cuando se tienen muchas ganas de cagar, uno desea como sea en un retrete, ya que en medio del campo o en la calle es incómodo y no hay papel higiénico a mano.

Muchas veces, esas ganas terribles de evacuar vienen cuando uno menos se lo espera, como los niños, por eso hay diseminados retretes por toda la geografía española. Lo extraño del caso es que la mayoría de estos suelen estar en los bares y no en la calle como en cualquier país civilizado.

Los de los bares no ganan nada teniendo estos aseos, por lo que en muchos sitios, estos suelen estar descuidados y sucios. Hoy en día en según que sitios no es tan descarado como antes, pero aún recuerdo cuando los retretes eran un agujero en el suelo y había papel de periódico para limpiarse (lo juro).

Fue a la edad de 18 años cuando en una residencia de estudiantes, un amigo me contó su truco para cagar sin mancharse, y para no tomar contacto con ese pozo de gérmenes que son las tazas de los váteres.

Yo, antes de saber este descubrimiento, cuando guiñaba fuera, siempre me colaba en el baño de las tías, porque como ellas siempre tienen que mear y cagar sentaditas, son ellas las primeras que dejan la taza limpia como la patena, no como los hombres, que muchos solo entran para mear y pasan de todo y lo dejan todo perdido, y de paso a ver si veía algún chochillo despistado.

El método de mi amigo consistía en poner tiras de papel en la taza, haciendo un cuadrado. Previamente habremos pasado un matojo de papel por la taza, limpiándola, porque siempre suelen haber gotas de pises u otras sustancias.

De esta manera, uno no toca la taza directamente y puede sentarse en algo duro, porque aun recuerdo tener que cagar haciendo pulso. ¡Parecía que la mierda me salía por la boca!

¡Qué esfuerzos! ¡Qué sudores! Porque lo que esta claro es que en esos receptáculos diminutos donde se caga, siempre hace calor, siempre hay un silencio sepulcral y se oyen los pedetes de los otros que cagan como tú o la caca cayendo y golpeando con fiereza la loza del señor Roca.

Yo, con el tiempo, desarrolle una técnica sorprendente de hacerme pajas silenciosas en esos sitios.

El único problema que se presenta al cagar con esa técnica de poner papel en la taza es que los papeles que pones se te pegan en el culo, y si no vas listo, vas con una cola de papel a la calle.

Una vez me pasó eso, me subí los pantalones después de echar un buen trocho y no me di cuenta que un trozo de papel se me quedó colgando.

Un conocido me advirtió de que llevaba un trozo de papel colgando y yo riéndome creí que algún gracioso me lo había puesto. Pero no, al de un tiempo caí en la cuenta que era mi papel. Menos mal que esa técnica no la conocen muchos, porque sino hubiese sido el hazmereir de España

Una vez, tenia tantas ganas de cagar, que por poco lo hice en la calle. Estaba en un tren, llevaba 5 minutos en el cuando me empieza un dolor terrible en el estómago. Unas ganas de cagar de dimensiones épicas me entraron cuando todavía quedaban 25 minutos de viaje en tren. No sabía que hacer, si saltar en marcha o cagar en una esquina. El sudor frío empezaba a chorrear en mis sienes, me empotraba en la butaca del tren como si tuviera una ventosa en el culo, apretando para que no saliera el mierdel.

Aguante como un jabato los 25 minutos y al llegar fui corriendo directamente a los servicios de señoras, y cual fue mi sorpresa que estaban todas las puertas cerradas, porque… ¡eran de moneda!

Tembloroso y con una velocidad endiablada, busqué en mis bolsillos alguna moneda, ¡encontré una!

Metí la moneda de 25 ptas que casualmente tenía y… ¡no se abría ninguna puerta! Ese mecanismo no funcionaba y yo no podía más, así que decidí cagar en una esquina como los perros.

Ya me imaginaba la escena, yo echando chorros de mierda a discreción en una esquina, justo cuando un grupo de señoras entraría a usar los servicios

Desesperado, di un golpe a la puerta con todas mis fuerzas y se abrió.

Fue sentarme en la taza, sin papeles ni ostias, y echar, con una violencia semejante a las mangueras de agua a presión que usan contra los manifestantes.Todo un chorro de mierda tan ancho como la trompa de un elefante, en la taza.

Un poco mas y rompo la taza, porque la fuerza fue tanta, que parte de ella salpicó en el exterior

En fin, una experiencia extrema que, poco importó poner o no poner papeles en la taza, la cuestión era expulsar todo el mierdel fuera de mi cuerpo.

Otro día os hablare de cómo cagar en el monte sin taza alguna ni señores Roca, con una serie divertida de anécdotas relacionadas.

4 comentarios to “El Arte de Cagar”

  1. Ya lo dicen “te quiero mas que una pechá de cagar”.

  2. foreign111 Says:

    Que pechá de reir…. Gracias por el monologo!!

  3. yo cuando cago me follan porque sera

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